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11 mayo, 2007

El bosque arrasado


Hace dos fines de semana, nos fuimos toda la familia a una casa rural en la región de Hochsauerland, y como no,aproveché para llevarme la bici y dedicar una mañana a mi deporte favorito.

Antes de seguir con el relato, he de remontar en el tiempo, allí por enero, y recordaros que por entonces se desplazó por Europa un uracán que dejó muchos estragos a su paso por Alemania, incluídos varios muertos.

Desde entonces el adentrarse por los bosques estaba terminantemente prohibido por el peligro de accidentes por caída de árboles maltrechos. Esta prohibición se ha ido levantando a medida que los bosques se han ido limpiando.

Pues bien, antes de decidirme por cual de las 30 rutas de MTB que se hallan marcadas en la zona de Willingen, me aseguré de ver cuál de ellas se encontraba abierta. Por suerte, desde Willingen salían tres rutas abiertas, y sobre las cuales se remarcaba en la web que habían sido limpiadas, así que me decidí por una de ellas con algo de kilometraje y desnivel acumulado.

Allí estaba, eran las 7 de la mañana y ya estaba listo para dar la primera pedalada. El track en el gps, que aunque las rutas están perfetamente marcadas, nunca viene mal poder echarle un vistazo a la pantallita. Sobre todo cuando tienes que buscarte algún camino alternativo.

Iba vestido de corto y la mañana era fresca, aunque el cielo azúl y los primeros rayos de sol auguraban un buen día. Después de unos kilómetros de enlace, llegó el bosque. Fue asombroso notar un agradable aumento de temperatura al introducirme en él. Salía de casa a unos 400m de altitud y en pocos kilómetros por una senda a través del bosque, ya estaba en los 800m.

Allí me encontré la primera sorpresa del día: A mi izquierda se encontraba la parte superior de una pista de salto de esquí. Si, aquello que hemos visto siempre en la televisión, con su rampa con vertiginosa inclinación, y con aquellos travesaños dónde se sientan los saltadores. Por un momento se me pasó por la cabeza enfilar mis ruedas en uno de los carriles y dejarme caer, pero enseguida dejé de soñar.

Siguiendo mi camino, me encontré con diversos tramos con cortas subidas y bajadas, los cuales gozé a fondo, sobre todo por el marco incomparable que atravesaba. Cómo me gustan los bosques alemanes! Los hecharé de menos a mi vuelta a España.

De repente me encuentro con que el camino se bifurca y hacia dónde me indica el gps, se halla un árbol cruzado, como clara indicación de que el camino se halla cortado. Pero no decían en la web que estaba 100 abierto? Sorteo el árbol y a medida que voy avanzando, me encuentro con árboles sueltos caídos y cruzando la senda. No es grave, los sorteo y sigo, pero a medida que voy acercándome a la cumbre tengo que rodear más y más palillos. Hasta que al llegar arriba me encuentro todo el bosque caído, con lo que es imposible seguir adelante.

Es increíble la fuerza de la naturaleza. Ante la fotografía que tenía delante me daba cuenta de ello.

Sólo me quedaba la opción de volver sobre mis pasos y buscar otro camino que me llevara hasta otro punto de la ruta. Aún así calculo que tuve que ir con la bicicleta a hombros unos 4 km. Pero en muchos más kilómetros pude observar asombrado cómo el bosque en su parte más alta se hallaba completamente arrasada. Van a hacer falta años para limpiar todo aquello. Creo que los leñadores de la región van a estar bien entretenidos.

Una vez encontrada una salida a mi ruta, me encontré con una granja de Llamas. Sí, allí en medio del campo había cinco ejemplares en un campo sueltos. Las crían por su lana, que debe ser muy reclamada para algún tipo de aplicación científica.



Me esperaban unas hemosas vistas sobre un pantano a medida que iba bajando por un sendero que iba surcando su vía a través de campos de lúpulo en flor y de trigales. El contraste entre el verde y el amarillo era hermoso.

Ya hacia las 11h00 y en el camino de regreso me encontré con otros seis ciclistas que acababan de empezar a pedalear. Un saludo, unas pocas palabras mientras les adelantaba y hasta otra amigos.

Hacia las 12h30 ya estaba en la casa rural dónde me esperaban Raquel y los peques para comer. Una buena siesta y como nuevo.

Podéis ver las fotos aquí.

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