Distancia: 83km
Desnivel acumulado: 1554mt
IBPindex: 108
Crónica por Roberto
“Montemediano”
Israel, Toño, Fer, Pepe, Ricardo, David “Reventón”,
Roberto “Montemediano”, Vitín, Igor San Juan y Luis.
Miro de reojo el punto de reunión, y solo veo 5 o 6
ciclistas, pienso ¿tan pronto he llegado? no puede ser, si son las 8 ¿qué raro
tan poca gente? empiezo a hacer recuento y claro, entre los del equipo Mercedes
preparando la Rioja Bike Race , los que se van con La Solera a “calentarse” por
carretera y los amigos de Hogar Ciclos compitiendo en la Girona Bike Challenge
quedábamos cuatro gatos para ir a Treguajantes.
Entre saludos mañaneros esperamos 5 minutos más por si
aparece algún perezoso, pero no pasamos de 10 ciclistas. O mejor dicho 9 y medio, porque
David(reventón)está recién llegadito de un finde loco por tierras Salmantinas.
Aunque por el tono de su voz más bien parecía recién salido de la discoteca Pachá,
(dio poca guerra en toda la mañana, la verdad).
¡Venga hasta Murillo! dijo Pepe con su voz de
sargento, mientas transitamos por las pistas, dejamos a nuestros flancos campos
de cereal reverdecidos y viñedos con las cepas recién despuntadas de futuros
racimos de uva. Sin duda la primavera a “explotado”con los primeros calores.
Pero esta mañana de martes festivo la temperatura
seguía siendo fría, los que salieron de invierno acertaron, los que no, a pasar
frio.
Llegamos a la pestosa subida de los almendros, larga y
tendida, el grupo se parte en dos más o menos, noto a nuestros guías, Ricardo
y Pepe tranquilos, el hecho de ser un grupo de 10 a ellos les resulta fácil de
guiar, acostumbrados como están a domar grupos de más de 25 ciclistas.
Pocas anécdotas que contar la verdad, hacemos alguna
parada para reagruparnos y comer algo. El ciclar por pistas da poco juego para
descuidos, o patinetas con las que chillar o reírse del compañero, Eso sí, las
vistas y los montes de pinos y robles, unido al silencio, te invita a meditar
sobre lo bonita e inhóspita que es la zona por la que transitamos.
Ricardo, tira de orgullo y encabeza el pelotón, parece
que estamos cerca de su aldea, donde sus abuelos encontraron trabajo en la
fábrica de telas. Única actividad industrial que había por la zona en aquellos
tiempos. Alcalá, nos comenta como los mozos de la zona de Soto y Treguajantes
que trabajaban en la fábrica de telas que subministraba uniformes para el
ejercito español, se libraban de las campañas militares de aquellos tiempos. Por
ser necesarios para la industria.
Treguajantes es una aldea deshabitada que pertenece al
municipio de Soto en Cameros de la comunidad autónoma de La Rioja (España). Se
sitúa en una ladera sobre el barranco de San Blas, en pleno corazón del Camero
Viejo. Tiene varias casas restauradas que son habitadas en verano.
La localidad, como todo Cameros, se ha dedicado
históricamente al pastoreo trashumante, tenían ovejas churras y merinas, y
algunas vacas para la labranza. Por la zona también se cazaban perdices y
liebres, así como algo de caza mayor.
Al pueblo le llegó escasamente la era industrial
mediante una serie de telares de paños y bayetas, algunos tornos de hilar para
las fábricas de Soto de Cameros y
un molino harinero.
Esta pobre economía casi de subsistencia fue la razón
principal por la que sus habitantes emigraron durante todo el siglo XIX y más
masivamente durante las primeras décadas del siglo XX.
Imagino que a muchos de vosotros os suena la
definición que Wikipedia hace de Treguajantes, es un calco de todas las
localidades de Los Cameros y de tantas y tantas familias que abandonaron estas
tierras por encontrar un porvenir.
Pero bueno, nosotros cicloturistas del siglo XXI,
vestidos de astronautas (según la visión de los habitantes de estas aldeas en
el siglo XVIII) conseguimos llegar a destino. Lo primero que me llama la
atención es la ubicación de la localidad, más grande de lo que me imaginaba, pero
sobre todo su imponente iglesia, para mí desproporcionada, tanto en metros que
ocupa de planta como la altitud de su torre.
Desgraciadamente el tiempo y el abandono han hecho
mella, y ahora se encuentra semi derruida pero aún te puedes hacer una idea de
la importancia del proyecto. Cuando la vi, la frase que se me paso por la
cabeza fue, ¡Madre mía, hasta donde llega Dios!
Tumbamos nuestras bicis en el suelo y comemos algo,
Ricardo aprovecha para preguntar por algún pariente suyo a un par de lugareños.
El resto aprovechamos los rayos de sol como los lagartos, foto de grupo para
que quede constancia de nuestro paso y emprendemos la marcha ahora dirección a
Soto.
No sin antes desandar parte de la bajada a la aldea que ahora toca subir,
dolor de piernas. Bajamos por un camino hormigonado y lleno de curvas que lo
hacen divertido, olor a zapata de freno, un poco de “culebreo” por sus calles y
llegamos a la plaza de Soto donde llenamos los botes de agua. No hay tiempo
para más, a Luis,
a San Juan y a David les esta sonando la campana y tienen prisa.
En
poco tiempo estamos transitando por la senda que sube al mirador, algún
calentón que otro y vistas impresionantes.
Tramo de carretera hasta Leza (últimamente al grupo le
está gustando bastante el olor del asfalto) antes de entrar por la peligrosilla
senda que desemboca en Leza, Luis, San Juan y el trasnochado David deciden
continuar por carretera para llegar antes a casa y que la bronca no sea muy
ruidosa (que a uno le duele la cabeza aún).
Ya solo quedamos los “7 magníficos”, bueno 6 y un “portento”
que fiel a su costumbre, realiza una de sus frecuentes “patinetas” en la senda
que nos lleva a Ribafrecha. La desesperación de tan torpe acto, le lleva a
negar la acción tres veces, igual que aquel discípulo de Cristo.
Superada esta localidad el ciclar se vuelve rápido y
constante la sensación de que la ruta llega a su fin es evidente cuando
cruzamos Alberite y en un “plís,plás” llegamos a Logroño sin incidentes.
Nos despedimos en Las Gaunas, y cuatro de nosotros
decidimos acabar la mañana con una monumental tortilla de patata y cervezas. En
el ambiente quéda la sensación de haber visitado una parte de Los Cameros tan
íntimamente ligada a muchos de nuestros padres y abuelos.
Sin duda una bonita mañana, hasta la próxima
compañeros.
6 comentarios:
Muy buena crónica Roberto, me ha encantado la historia del pueblo, está muy bien saber lo que fueron los pueblos por los que pasamos.
Yo lo ví todo, pero no voy a decir nada de nada de la mas que posible patineta de "El Portento" que despues dice que me meto mucho con el.
Otra ruta de las grandes, por pistas en muy buen estado y parece ser que dentro de poco incluso asfaltada la subida hasta Cenzano (veremos).
Buena crónica Roberto, se ve que estás muy concienciado con el despoblamiento de la sierra riojana, pero has de saber que las causas son muy variadas y de díficil solución, salvo en el paradógico caso de Montemediano. En este municipio se ha logrado aislar la causa y no es otra que todos huyen de un tal Rober que abruma a todos lugareños con datos extraídos de Wikipedia u otros que se inventa como los relativos a las patinetas del Portento o los tres venenos (ni uno más ni uno menos) que afectan a las abejas.
La ruta larga y dura sobre todo por el pisteo. No estamos acostumbrados ya a hacer tantos kilometros sin echarnos una senda al coleto.
Ricardo ha podido comprobar cuanto le quieren sus amiguitos después del calentón de volver a subir lo que tuvimos que bajar para ver el pueblo de sus ancestros. Te lo mereces todo, Richie!!!.
No nos dió tiempo a almorzar porque tuvimos que cargar con pobre Vitín que cada día nos anda y nos ve menos.
Bien detallada la crónica Roberto y muy enriquecedor el comentario sobre la despoblación de los Cameros. La ruta es muy interesante y nos lleva a lugares a los que sin duda no llegaríamos a no ser por la bicicleta.
Yo creo que tiene que dar mucha ilusión llegar al lugar donde nacieron y vivieron tus ancestros ¿o no? Ricardo.
Otra gran jornada y van...
Totalmente de acuerdo con todo lo que comentáis, seguiré subiendo hasta allí mientras me duren las fuerzas. Una gran ruta y muy buena cronica.
Gran día de mtb, como siempre.
Salud,
Barrancas
Buena crónica para una ruta preciosa por unos parajes para mí desconocidos, aunque muy pistera para mi gusto. Qué buena me supo la tortilla final.
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