07 mayo, 2017

peña saida - senda terroba - peña saida (7ciclistas)


1 de mayo de 2017
Distancia: 66km
Desnivel acumulado: 1148mt
IBPindex: 1101


Crónica por Israel.

No acostumbro a salir en bici sin dejar un día o dos de descanso, mayormente por el fiasco que siempre me han resultado las rutas cuando no dejo a mis piernas descansar lo suficiente.
Pero bueno, aprovechando el lunes festivo, me lanzo a salir a la aventura empezando por arrastrarme desde la cama a mis abluciones matutinas y mirar la previsión del tiempo en el móvil.  Me entero entonces de que el festivo día del trabajo coincide con el cumpleaños de Tate teniendo el pobre que celebrarlo trabajando en su guarida de la Grajera en compañía de gamos, patos, fochas y ardillas, en vez de con la fauna habitual con la que suele, no tantas veces como debiera, salir a disfrutar de bicicleta, montaña y sana amistad. Felicidades Tate.
Ya en Las Gaunas aprovechamos los buenos días y el besamanos acostumbrado para ir comentado el parte de bajas. Vaya temporadita llevamos, con otras dos buenas “cornadas” bien recientes. La caída de Eduardo “gominolas” el pasado viernes con un hombro en ese momento aún sin recolocar, ánimo Eduardo, y el aparatoso revolcón de Saúl el día anterior, sin mayor gravedad, pero con unos rasponazos, cortes y moratones de aúpa, qué valiente y duro es. Yo aún estaría allí arriba llorando abrazado a un aerogenerador.

Con la enfermería del grupo llena hasta los topes uno siente ser un descreído y no tener santo patrón, hado, dios o semidiós al que encomendarse. Sobre todo viendo a Javi como, en un gesto ya habitual tanto en él como en Ricardo, echar mano a su pecho y acercándolo a sus labios besar con devoción el relicario de plata con la uña incorrupta de Pepón que lleva colgando a su cuello.

Qué bonito tiene que ser confiar ciegamente en un poder superior al que rendir adoración, me siento tentado en pedirle a Pepón un mechón de su cabello para llevarlo trenzado en mi coleta pero al volverme hacía él lo veo musitando una oración ante un escapulario con la efigie bordada de Valverde que discretamente esconde en el bolsillo del maillot. Siento que he podio atisbar una parte del misterio, del complejo panteón ciclista al que soy ajeno, sobrecogido guardo silencio y emprendemos ruta.

Unos kilómetros después ya estamos acercándonos a Viguera, hasta aquí nada destacable, David lleva desde la salida enumerándonos las muchas pruebas a las que se ha apuntado y los muchos días seguidos que lleva saliendo. Está claro que este hombre es inmune a la sobrecarga. Cicla con la misma soltura de siempre aunque apreciamos que está más huraño y agrio de lo habitual. Parece que madrugar un día tras otro para zurrarse la badana no afecta a sus piernas aunque sí a su siempre alegre carácter. Esperemos que nadie cometa hoy la torpeza de cuestionar su indudable atractivo, tema en él siempre sensible, o puede arder Troya.


Subimos a Viguera por su odiado rampón de cemento donde el grupo me saca un buen trecho que ya, a partir de aquí, no hará más que crecer en cada cuesta que afrontemos. Subiendo asfalto dirección a las canteras tomamos enseguida a nuestra izquierda la pista casi senda y bien durita, del “atajo a la cantera” que como no podía ser de otra manera nos lleva a la misma. Diego atajando por lo más duro en un alarde de fuerza lo sube con insultante facilidad, solo con verlo te cansas.

En la cantera el señor marqués nos comunica que sintiéndolo mucho tiene dejarnos ya que le han preparado una recepción en honor a su reciente cumpleaños en el salón noble del palacete lo cual, dice, es una obligación debida a su título pero que él de mil amores hubiera preferido quedarse aquí en el monte entre el ganado y la plebe. Como siempre su llaneza y campechanería nos conquista despidiéndole entre hurras, bravos y vivas al señor marqués.

Llegamos al plato fuerte del día una larga subida con intensa pendiente terminando en un duro rampón de cemento. En un instante vuelvo a quedar solo, aprovecho para ir esbozando esta crónica en mi magín. Me siento inspirado, vienen a mí las ideas al rápido ritmo de mis jadeos, las musas me bendicen con comentarios aun más mordaces que los de Toño; recursos literarios propios de la profesionalidad del negro que escribe por Bartolo; un toque cáustico de Vitín con su ya famosa “retranca de Islamabad”; creo, en mi ingenuidad, llegar incluso a rozar la excelencia y gloria del propio Fervantes… En este estado de gracia termino de subir la cuesta y al ver a los compañeros, ellos ya bien descansados, intento un último esfuerzo a fin de llegar con algo más de gallardía. Pero ¡ay!, la falta de oxigeno al cerebro me provoca un principio de embolia e impide que mis ajadas neuronas sean capaces de fijar la memoria reciente, mis ideas se deshacen, escapan de mi mente, de ellas solo queda esta triste y mediocre crónica…


Apesadumbrado no alcanzo ni a protestar cuando se ordena seguir la marcha mientras mis estertores aun resuenan por la sierra y seguimos subiendo en fuerte pendiente hasta llegar a Peña Saida. Lugar donde descansamos un momento, comemos algo, admiramos las vistas y Dieguito sigue haciendo la cabra encaramándose a la peña para hacerse “selfis” y cosas de esas de “jovenos”. Sabiendo que volveremos en nuestro devenir a pasar por el mismo lugar David decide esconder entre unas matas el saco de bombones que lleva a su espalda ya que amenazan con derretirse por el calor. Ciertamente el día ha salido muy sano con mucho sol aunque fresco, perfecto para ciclar y disfrutar.

A partir de aquí tenemos unos escasos nueve kilómetros para volver al mismo sitio. Primero por una divertida senda en rápido sube baja hasta bajar a una portilla, que amablemente abrió David pero cerró antes de que yo llegara, y coger una cómoda pista en ligera bajada durante tres kilómetros con preciosas vistas frente a ella de Montalbo en Cameros. En este momento se intentó sonsacarme información sobre la cercana ruta que en su día investigamos con Vitín bajo juramento de guardar absoluto secreto. No se quién habrá sido el inconsciente que se ha ido de la lengua, pero os aseguro que creí sentir como los ojos de Vitín desde la cabecera de la manifestación del 1 de mayo en Logroño y como un solo hombre los de todos quienes en ella le seguían, se volvían hacía mí atravesando montañas, bosques y valles clavándose con furia en mi nuca. Acojonadito me hice el tonto y negué todo.


Dejamos la pista a nuestra izquierda y empezamos a subir por una larga y durísima senda que…, espera,… ¿quién es el ciclista que me precede en la senda y sube como un cohete? Va tapado hasta las orejas, el único de largo… ah, es Miguel el sobrino de Luis al cual no había vuelto a ver prácticamente desde la salida en la cual con una sonrisita y gran cinismo me comentó:

      - Vaya paliza la de ayer, eh. Estoy hecho polvo así que hoy iremos juntitos, atrás, despacito…

Para acto seguid salir zumbando y no volver a verlo en todo el día, cómo arreó el pájaro.

Bien, a lo que estamos, la senda nos acerco a Peña Saida que enseguida volvimos a dejar atrás no sin que antes David, ansioso, rescatara sus chocolatinas y las contara tres veces.

Por fin, oh sí por fin, empezamos la bajada. Pronto nos encontramos recorriendo Senda Preciosa, una gozada, como siempre divertida y técnica, cada vez que la recorro la disfruto más. En seguida enlazamos con la Senda de Cerro Arao y aún más diversión, gozando entre pinares, sorteando piedras y disfrutando de la adrenalina.

En alguna parte que no logro ubicar de la bajada yendo todos juntos, por tanto justo después de uno de los frecuentes reagrupamientos, pasábamos por una zona en bajada llena de palos cuando Pepón, siempre atento, gritó

   - ¡¡Alto, cuidado, para!!

Por supuesto, clavando freno, de inmediato paramos todos y vimos como Pepón señalaba un palo atravesado de mala manera en el cambio de David que seguro lo hubiera dañado de haber dado una sola pedalada más.


Cuando Pepón se agachaba a fin de retirar el palo, Toño paso peligrosamente y a toda velocidad zigzagueando entre nosotros. Yo ojiplático le observe aterrado, alguno daba manotazos al aire como quien quiere espantar a un mosquito especialmente molesto, otros cerraron los ojos temiéndose lo peor. Pepón, del que pasó a centímetros de su cabeza y por tanto aún aleteándole las orejas, le recriminó severamente su imprudente acción mientras los demás asentíamos ceñudos.

Pero Toño impertérrito nos miro largamente y dijo:

   - No os dais cuenta que desde mi portentosa velocidad y afilados reflejos me es prácticamente imposible diferenciar cuando estáis parados o en movimiento.  Es más, al pasar entre vosotros aún le he cogido un bombón a David me lo he comido, he envuelto una piedra en el papel y lo he metido en el bolsillo a Miguel.

Acto seguido se dio la vuelta y desapareció dejando una nubecilla de polvo. Nos miramos uno a otros tan sorprendidos como ofendidos por su actitud pero decidimos dejarlo correr ya que a fin de cuentas estas pequeñas alimañas de metabolismo acelerado como el ratón, la musaraña o el “portento” común, aunque molestas y dañinas, no suelen vivir mucho tiempo.

Llegamos sin mayores incidentes salvo una caidilla sin consecuencias de Toño (sí, que yo lo vi, matraco) y un ligero despiste a la cantera de Viguera. Terminamos la divertida bajada volviendo, por el mismo camino ahora de bajada, al punto donde dejamos la carretera horas antes.

Ya desde desde aquí y tras atravesar Viguera otra vez, todo fue volver a Logroño por los caminos tanta veces transitados, esta vez por la senda de Tate, hasta nuestro abrevadero habitual el bar +quemigas donde dimos por finalizada la ruta, pero no el disfrute.


Ale “guapis”, hasta la siguiente.

FOTOS


8 comentarios:

TOÑO Pleitos dijo...

Muy buena crónica Isra. La pena es que se haya perdido la que imaginaste durante la ruta pues, si esta es buena qué decir de la que se te olvidó por la embolia sufrida en el hormigón de Peña Saida. Te propongo que a tus numerosos gadgets añadas un dispensador de oxígeno y una grabadora con un dispositivo accionador situado en el manillar (aunque bien mirado a lo mejor te sale más a cuenta -a ti y a todos tus compañeros- comprarte una ebike...)
La ruta dura y exigente (sobre todo teniendo en cuenta que hicimos San Tirso el día anterior) pero espectacular y agradecida por la belleza de los parajes y la brillante -como el envoltorio de los bombones de David- mañana de la que disfrutamos.
Hacía tiempo que no realizaba una salida "petit comité" después del espectacular aumento del grupo en los últimos tiempos y, la verdad, que también tiene su encanto, aunque son destacables -y paradójicas- las ausencias de los funcionarios y cargos sindicales precisamente en su día; el del trabajo.

israel ogrobis dijo...

Gracias Toño por tus acertadas apreciaciones y como siempre amables comentarios.
No dudes que si un día opto por comprarme una ebike serás el primero en enterarte cuando así, por fin, pueda pasarte por encima.

vitinbtt dijo...

No puedo decir nada mas que una palabra: EXCELENTE. "Mea" (como diría uno que yo conozco) encantado la crónica, muy buena descripción de los "pollos" que ibais y muy bien explicados los lugares por los que transitasteis.
Como no estuve no puedo decir nada de los que asististeis, pero si puedo decir que me dio mucha rabia no salir (pero lo primero es lo primero; como diría nuestro inútil presidente de gobierno) y después de leerla "cochina envidia".

Carlos Martinez Pascual dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Martinez Pascual dijo...
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Carlos Martinez Pascual dijo...
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Luis Martínez dijo...

Muy bien Israel, yo también con mucha pena. Cada día disfruto más, pero tiene razón Vito, sobre todo si lo primero es de mayo

Fer Alcalá dijo...

Israel, me descubro ante tan magnífica crónica y me disculpo por no haber asistido a la ruta ni haber leído antes tan magnífica narración, pero algunos tenemos otras ocupaciones que la de andar, andar y andar otra vez en bicicleta. ¡qué barbaros! os da igual que sea el día del padre, de la madre o del cuñao. Ya veo que Toño no deja un día de hacer de las suyas, pero me temo que este chaval ya no tiene remedio.
Otra vez mis felicitaciones Isra por esta excelente e ingeniosa crónica.