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25 julio, 2017

IOAR 2017 (8 Ciclistas)


23 de julio de 2017
Distancia: 69km
Desnivel acumulado: 1780mt
IBPindex: 140


Crónica por Luis I “El Castigado”


El IOAR: 8 ciclistas. Toño (Porten), Fernando (Alcalino térreo), David (Su Majestad), Eduardo (Del Aaium), Víctor (Visir), Igor (San Juan), Isra (nuevo cheer líder) y Luis (el que suscribe).


Andaba yo cenando con los de La Induráin, lo que me reí escuchando las andanzas de Rubén boxing (ostia que pega, mujer de luto, que diría Igor), y no paraba de pensar en que habíamos quedado a las 7 de la mañana y para una ruta exigente, de las que nos gustan a todos.



8 fuimos los elegidos 8 para un día de disfrute máximo, de los que todos habríais querido no perderos. 8 nos juntamos en Franco Españolas, como siempre puntuales. Bueno, Fernando puntual a su hora. No sirve de nada quedar al lado de su casa. Pepón causa baja y Víctor nos anuncia que está “blandito” y que hará media ruta. Empiezan las dudas, nadie tiene gps y es más que fácil que nos perdamos. Hablamos de posponer la ruta, de ir ya al bar…pero ahí, en las distancias cortas, es cuando un hombre se la juega. Israel saca su móvil, se descarga la ruta de Wikiloc y nos anuncia lo que todos ya sabemos: La ruta es la ruta. Y no se cambia.


Partimos dirección a Oyón, la suerte está echada. Como los Miuras en San Fermín, encabezan la manada los portentosos de la Eusko bike, quiero suponer que atraídos como imanes a la poderosa llamada del Ioar, la bestia que teníamos que lidiar y que ellos bien conocen de su reciente visita.

Con 5 minutos de retraso (ya me explicó Santi que siempre la primera parada está a una hora: Sorzano, Ventosa, Clavijo…) nos plantamos en la, eufemísticamente llamada, casa rural. Israel pasa de largo, dice que para documentar la ruta con fotografías, lo que nos hace partir casi sin recuperar el aliento. Llegamos rápido a los aerogeneradores y bajamos por la senda imposible (para algunos), sabiendo que al lado hay un camino extraordinario, pero somos así.

Bajada peligrosa, por lo rápida que es, hasta Marañon. Todavía es temprano y no se ve a nadie deambular por el pueblo. Con el sigilo que nos caracteriza, despedimos a Víctor. Nos abandona, pero va a hacer labor de zapa para rutas futuras. Isra toma el mando, sin grandes contratiempos pasamos Genevilla y paramos a tomar un tentempié en el merendero que hay al otro lado de la carretera.



Un camino que va paralelo a la carretera nos va enseñando diferentes entradas al Ioar. Todas parecen la nuestra. La ansiedad nos puede. Necesitamos empezar a subir la gran mole. Cuando por fin giramos por nuestro acceso a la cumbre, tenemos dos caídas casi seguidas. Sin consecuencias. Son los nervios, que nos atolondran.


Comienza el ascenso. Silencio. 8 kilómetros de dura subida que decidimos hacerlos sin descanso. Cada uno a su ritmo. Portento y David marcarán el  de cabeza. Igor y yo intentamos seguirlos, pero pronto nos dejan atrás. David se para a atender una llamada. Esto hace que nos juntemos con él Igor y yo. Toño continúa. David ha perdido el ritmo y se nos queda atrás. Un espejismo, pronto se recupera. Nos da caza, nos deja y alcanza a Toño, a quien también le untó el morrito. Qué os voy a contar que no sepáis.


La subida tiene un momento muy especial, cuando después de doblar una curva, por un rato los árboles no te tapan las vistas y te permiten ver todo el valle. Allí abajo, muy lejos. Todo tan verde. Y ese silencio. Los últimos retazos de la niebla matinal, todavía presentes, te presentan un paisaje difuminado que lo hace todo más espectacular.


A Igor, que no parecía cansado en la cima, aún le quedaron arrestos para bajar a buscar a los rezagados.

En la cima nos hacemos unas fotos mientras merendamos. Hace algo de frio, lo que precipita nuestra partida. La bajada del Ioar es un poco pestosa. Tiene tramos imposibles para los mortales. Lo que nos hace descabalgar varias veces. En Azuelo cogemos agua y seguimos sin esperar a Pepón. Tenía previsto juntarse ahí con nosotros, pero se aburre y nos anuncia su regreso en solitario.

A la una y cuarto llegábamos al cementerio de Logroño. Ahí nos despedimos. Unos a almorzar y otros a casa, pero todos contentos y satisfechos de una gran mañana de bici.



Un abrazo, amigoS.

4 comentarios:

vitinbtt dijo...

Lo poco que has escrito en la crónica está muy bien, pero creo que tu vales mucho mas, una ruta de este tipo no se puede resumir en 4 párrafos.
Muchas ausencias en comparación con la anterior subida (2015) donde estuvimos 16 intrépidos ciclistas, en esta ocasión solo llegaron a la cima 7 agerridos btteros y menos mal que en los tiempos que corren ya son demasiados.
Con respecto a mi "medio-ausencia" tengo que decir que ya estaba previsto irme en Marañón pero que viendo como salí de casa "arriesgue" demasiado; puedo decir que va a venir muy bien mi retirada, ya tengo preparada una ruta por allí de las que nos gustan....

igor san juan dijo...

Buena crónica Luis y bonito día en el que Isra fue nuestro guía gracias a su móvil sino donde abríamos acabado , la compañía de lujo la ruta estupenda Toño con sus zapatos nuevos siempre a la moda y con su radios rotos que arreglamos sin estar Diego que aunque parezca mentira algo aprendemos hasta el.domingo saludos terrícolas

TOÑO Pleitos dijo...

Luis,muy buena media crónica!!! La tinta solo te ha alcanzado hasta la bajada del Ioar. Imagino que todo es debido a la sangre que se te acumulaba en el cerebro y no te dejaba pensar, al igual que los calambres que te atenazaban el estómago por el retraso que ibas acumulando respecto de la hora de llegada que optimistamente habías facilitado en casa.
Lo chocante que el "Visir Terciorutas" ose criticar la longitud de tu desempeño.
La ruta chula y dura, menos el tramo de bajada de los pedrolos que si la última vez que fuimos estaba mal ahora está muuuy mal; las piedras de entonces han crecido y se han multiplicado (como ordenó Dios al pueblo de Israel).

israel ogrobis dijo...

Buena crónica Luis.
El ir guiando con el móvil no tuvo mayor complicación salvo que mi voz no alcanza desde la cola a la cabeza del pelotón y no me hacéis ni caso, aun así casi ni nos salimos de la ruta marcada por el descompuesto Vitín.
La bajada del Ioar como siempre un horror, como la odio.