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04 enero, 2011

Logroño-Logroño (4 Ciclistas)

1 de Enero de 2011.

Crónica por: Juan “Epi”.

Distancia: 40,6 Km.

Desnivel: 575 metros.

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Clin, clin, clin, clin, clin, clin, clin, clin, clin, clin.

Dingdong, dingdong, dingdong, dingdong.

Dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong, dong.

¡¡FELIZ 2011!!

Fiiiuuuuuuuuuuu, pim, pam, pum, fiiiiiiiuuuuuuuu ……………pum………

Nueve horas y media después de tan irrepetible momento, algo triste por haberme fallado unas horas antes el mata suegras, me reúno con Igor, Tate y Fernando en la Gasolinera de Las Gaunas para dar la primera “vueltecita” betetera del año. A esas horas todavía algunos jovenzuelos y jovenzuelas regresan a casa después de pasar de juerga la Nochevieja.

En la gasolinera se detiene un vehículo para repostar combustible. De su interior descienden dos mozas ataviadas con minúsculos vestidos de fiesta. Nos hacen proposiciones deshonestas de acompañarlas a la Discoteca Zul, Cul, o algo parecido, pero rehusamos tan amable invitación porque creemos que no vamos adecuadamente vestidos. Además todas las bicis no caben en el mencionado vehículo.

Con la ausencia notable de varios compañeros fijos en esta primera salida del año, iniciamos el recorrido rompe piernas que diseñé la tarde anterior.

Básicamente se trató de subir cuatro repechos (“cuacho” que dirían los de Ribafrecha) por las cercanías de Logroño. Gran parte del recorrido coincidió, en su sentido y en el inverso, con el de la Ruta del Mantible.

La niebla que cubría Logroño y sus alrededores no nos dejó entrar en calor. Quizás por ello nos permitimos darnos algún que otro calentón en las diversas subidas.

A la altura del El Cortijo, Igor, que tenía compromisos familiares y debía estar pronto en casa, propone volverse solo a Logroño y nos invita a que nosotros, más ligeros de cargas familiares, sigamos la ruta prevista. Le hacemos caso y nos despedimos de él.

El exiguo pelotón continuamos, guiados por Tate, bordeando el Ebro por el Mantible para regresar, nuevamente, a El Cortijo.

Aquí nos dice Fernando que si no nos importa que nos dejemos guiar por él y volvamos a Logroño por unos caminos que se sabe. Gustosamente aceptamos su propuesta y, a escondidas, nos santiguamos y nos encomendamos al Altísimo y a la Virgen de la Soledad. Media hora después Logroño se encontraba a la misma distancia que media hora antes por lo que preguntamos al dicharachero guía si debemos llamar a nuestras casas para que la comida de año nuevo la preparen a la hora de la merienda.

Después de pasar por la cuesta de los cerdos, la cuesta de no sé cuántos y el camino de no sé qué, llegamos a nuestra ciudad algo más tarde de lo que yo había previsto, pero contentos con esta primera ruta.

Fernando comenzó bien el año: ni se cayó, ni se calló.

1 comentario:

Miguel_Bike dijo...

Cómo que no hay comentarios, a esta crónica tan dicharachera y divertida.
"FELIZ AÑO NUEVO, que bebeteros somos y en el camino nos encontraremos".